Lo que el catálogo recupera sin haberlo buscado
Lo que el catálogo recupera sin haberlo buscado
Un procedimiento que no sabe que las familias tienen ramas, que no ha visto una protoforma en su vida y que exige una sola cosa —que un esqueleto consonántico se repita para el mismo concepto en tres lenguas distintas— produce, familia tras familia, una lista que los especialistas reconocen.
No la buscó. Salió.
Esta entrada recoge esas recuperaciones a través de las nueve familias, y después dice cuánto hay que descontarles. Lo segundo es más importante que lo primero.
Austroasiático: el mat y el muh
Es la primera familia de la serie donde los códigos de mayor alcance no son de una sola consonante.
m·t|eyeaparece en 64 lenguas y en once de las doce ramasm·h|nose, en 58 y en diez
Son el mat y el muh austroasiáticos, los dos comparanda que la comparación de esta familia lleva un siglo citando.
Sino-tibetano: el miŋ, el luŋ
Cruzando de seis a diez ramas, sin haber reconstruido nada:
m·n|nameen 53 lenguas — el miŋl·n|stoneen 44 — el luŋm·k|smokeen 46
Los comparanda que la comparación sino-tibetana estableció hace un siglo.
Austronesio: el vocabulario panaustronesio
l·m|fiveen 252 lenguasm·t|eyeen 246t·l·n|earen 54
Urálico: lo que cualquier uralista reconoce de inmediato
n·m|name con 20 lenguas y un enriquecimiento de 378×, v·r|blood, k·l|fish, m·n|I, t·n|THOU.
Pama-ñungano, afroasiático, indoeuropeo
m·r|hand en 69 lenguas pama-ñunganas, de un extremo a otro del continente. m·t|die en 38 lenguas afroasiáticas de dos ramas, d·m|blood en 29, s·m|name en 25. Y n·m|name en 103 lenguas indoeuropeas, el código de mayor alcance de todo el corpus trabajado.
En turco el catálogo hace algo distinto y quizá más elocuente: separa ramas sin saber que existen. Los 297 pares de códigos hermanos agrupan, los mayores, el chuvasio con el siberiano y el oguz con el kipchak occidental.
Ahora, el descuento
Aquí es donde una entrada honesta se separa de un anuncio.
El paper sino-tibetano registra 1.819 códigos que cruzan tres ramas o más. Es una cifra impresionante y no se publica sola, porque al mirarla de cerca se rompe:
| aridad del código | tasa de cruce de ramas |
|---|---|
| unarios (una consonante) | 28,0 % |
| binarios | 14,4 % |
| ternarios | 3,3 % |
El 58 % de esos 1.819 códigos son de una sola consonante. Y la tasa de cruce cae con la aridad.
Cuanto más corto el código, más cruza — que es exactamente lo que se espera si cruzar viene de la disponibilidad y no de la herencia.
La cifra defendible no es 1.819. Es 762.
Lo mismo vale en el otro extremo del rendimiento. En trans-neoguineano, n agrupa cien lenguas para comer, y otras tantas para tú, yo, madre y dormir. Eso no es un hallazgo: es un espacio de esqueletos saturado.
Qué se puede decir, entonces
Una sola cosa, y por eso el método es barato: que ciertas correspondencias forma–sentido se repiten entre lenguas más de lo que se repetirían por azar, con el azar medido explícitamente.
Que m·t|eye aparezca en 64 lenguas austroasiáticas de once ramas no dice que esas palabras sean cognadas. Puede ser herencia común, préstamo antiguo, préstamo reciente, convergencia o coincidencia. El catálogo no elige, porque sin protoformas no puede, y no se va a fingir lo contrario.
Lo que sí dice, y no es poco: que un instrumento construido con dos hechos observables —forma y concepto— y ninguna hipótesis genealógica reencuentra, por su cuenta, parte de lo que dos siglos de método comparativo establecieron.
Ahí donde el método comparativo se aplicó, eso es una calibración. Ahí donde no se ha aplicado —224 macrosistemas de 225— es una lista de hipótesis comprobables que antes no existía.
Los papers de la serie están en la sección Catálogos de códigos consonánticos de Publicaciones.
El método: El catálogo de códigos consonánticos (PDF)