Estratos despiertos, dormidos y soñando: el manifiesto de la endocronía
Estratos despiertos, dormidos y soñando
Publico el manifiesto de la endocronía en edición bilingüe: catorce tesis, español e inglés, siete páginas.
La conferencia «Ninguna lengua es más antigua que otra» ya expuso el argumento central — que la edad de una lengua no existe, que hay tres tiempos que se confunden todo el rato, y que Bergsland y Vogt lo demostraron en 1962 con el noruego y el islandés. No lo repito aquí.
Lo que sigue son las tesis que la conferencia no alcanzó a desarrollar, y que son, creo, las más productivas.
Ninguna lengua tiene una edad. Cada componente tiene la suya.
Cuatro mecanismos, y no son cuatro especies de un mismo género
La heterogeneidad diacrónica no se conserva por accidente. Cuatro mecanismos la mantienen disponible, y operan en niveles distintos — lo que los junta es su función, no su naturaleza:
Suplección. Raíces distintas fundidas en un paradigma. Was dentro de be. Es una relación entre las casillas de un paradigma.
Alomorfía condicionada. Una raíz partida en dos por un cambio de sonido: kona frente a kvenna. Es morfofonológica.
Reclutamiento paradigmático. La regla que forma el superlativo opera sobre un estrato histórico distinto del que da la forma positiva. El superlativo de pobre no está formado sobre pobre, sino sobre su antepasado latino traído de vuelta mil años después. Eso es paupérrimo. Es léxico e histórico.
Fósil de posición. El estrato que sobrevive donde ya nadie lo analiza. Es una condición de opacidad.
Confundirlos es la manera segura de no medir ninguno.
Los estratos están despiertos, dormidos o soñando
Y no se detectan por testimonio. Se detectan por efectos.
Dormido. Usted viene de vuestra merced. Nadie lo analiza — pero rige tercera persona: «¿vive usted lejos?», no «vives». La concordancia sigue obedeciendo, hoy, a un sintagma nominal que desapareció hace siglos.
El hablante no lo sabe; la gramática sí.
Soñando. Vagabundo, del latín vagabundus, se reanaliza en el siglo XV como vaga + mundo. Material heredado recombinado en una figura que la historia no dio.
Y la dirección no es azarosa. A veces el sueño gana: nigromancia —de necromantia, adivinación por los muertos— fue releída con niger, «negro», y borró el original.
Soñar no es recordar. Es recombinar.
Los ayeres ocupan posiciones, y no se reparten al azar
Esta es la tesis que más me interesa, porque es la que se puede falsar.
- El hueco del pasado: was, fui
- El superlativo: paupérrimo
- El genitivo plural y los compuestos: kvenna, kvenmaður
- Los apellidos: Fernández
- Las fórmulas fijas y los insultos: hideputa
Lo viejo se retira a la periferia y cede el centro — el presente, el nominativo, el registro neutro.
Si ese orden se repite entre lenguas, entonces la lengua tiene un ritmo: una manera regular de repartir sus edades entre los huecos de su propia estructura. Si no se repite, la tesis cae. Está escrita para que se pueda comprobar.
El mito no vive sólo de la ignorancia
El islandés se lee como si no hubiera cambiado, pero eso se lo debe en buena parte a una ortografía que se quedó quieta mientras la pronunciación se movía. El texto parece antiguo. La lengua hablada, bastante menos.
Lo fabrican artefactos concretos: la ortografía conservadora, el prestigio literario, la fecha del primer manuscrito.
Lo que la endocronía no dice
Y esto va en el manifiesto porque es donde se malinterpreta.
No dice que el método comparativo falle. Funciona. Lo que falla es convertir cantidad de cambio en cantidad de tiempo.
No dice que todas las lenguas cambien igual. Dice lo contrario, y por causas identificables — tamaño de la comunidad, densidad de redes, contacto, y sobre todo adultos aprendiendo la lengua desde fuera, como predice la tipología sociolingüística de Trudgill.
No dice que todos los sistemas lingüísticos hayan aparecido a la vez. Los criollos y las lenguas de señas emergentes tienen fechas reales. Dice que la profundidad de una comunidad no se lee en la fecha de su primer documento — y que ni esa fecha ni esa profundidad dicen nada sobre cómo está repartido el tiempo por dentro.
Y una declaración de deuda
El término es una acuñación. El aparato, no.
La endocronía ensambla tres piezas existentes: la sincronía dinámica de Jakobson —que lleva noventa años dicha—, la tipología sociolingüística de Trudgill y la estratificación diacrónica. Tres cuerpos de trabajo que nunca se habían apuntado juntos contra el mito de la edad lingüística.
Lo que propongo medir en lugar de una edad es un perfil endocrónico: no un número sino un vector — una velocidad para la fonología, otra para la morfología, otra para la sintaxis, otra para el léxico, cada una relativa a una comparación declarada.
Así «el islandés es arcaico» deja de ser una frase y pasa a ser un perfil: conservador en morfología, bastante menos en fonología, y con un artefacto ortográfico encima que exagera las dos cosas.
El manifiesto: Endocronía / Endochrony: el tiempo dentro de la lengua (PDF bilingüe ES/EN)
La conferencia: Ninguna lengua es más antigua que otra (PDF, 40 minutos)